«Las exigencias de la pública conciencia pueden convertirse en una fuente reconocida de derecho y un tribunal que nace de la conciencia popular refleja una idea que seguirá caminando: el poder institucionalizado y el pueblo, del cual el primero pretende derivar, suelen alejarse siempre más. Solo una amplia iniciativa popular puede crear un puente entre pueblo y poder» (Lelio Basso)

El Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) nace en Boloña para dar continuidad a la experiencia del Tribunal Russell I sobre Vietnam (1966-67) y del Tribunal Russell II sobre América Latina (1973-76). Lelio Basso, que fue miembro y relator, propuso la transformación de estos célebres tribunales en una institución permanente, en un instrumento de reconocimiento, visibilidad y toma de palabra para todos aquellos pueblos víctimas de violaciones de los derechos fundamentales contemplados por la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos (Argel, 1976). Conocida también como Carta de Argel, la Declaración reconoce los pueblos como titulares de derechos, siendo éstos siempre más marginados en el derecho internacional.

El carácter de “tribuna permanente” y la lógica de selección de sus jueces, reconocidos por independencia y competencias, han de hecho transformado este tribunal de opinión en un laboratorio de denuncia e investigación multidisciplinar. Con sus 43 Sesiones y sentencias, el Tribunal ha acompañado las transformaciones y las luchas de la época post-colonial, la afirmación del desarrollo del neocolonialismo económico, la globalización, la reaparición de la guerra y la declaración de falta de competencia de la Corte Penal Internacional en relación a los crímenes económicos.

Gracias a la larga experiencia de investigación, análisis, elaboración de criterios innovativos de interpretación y promoción del derecho, el Tribunal Permanente de los Pueblos ha sido reconocido como una de las realidades más activas en el marco de los tribunales de opiniones, de las iniciativas y de los movimientos que actúan para la efectividad de un derecho a medida de los desafíos crecientes impuestos por la globalización y la impunidad económica.
El Tribunal Permanente de los Pueblos tiene sede en la Fundación Lelio y Lisli Basso, via de la Dogana Vecchia 5, Roma.

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