El 18 de diciembre ha sido el Día Internacional del Migrante. Sobre la base de esta fecha simbólica, establecida en 2000 por la Asamblea General de la Onu, grupos y organizaciones para migrantes y refugiados han firmado una declaración para expresar su solidaridad y su compromiso en la defensa de los derechos humanos de los migrantes y refugiados de todo el mundo.

Las numerosas realidades sociales que adhieren al Manifiesto confirman la distancia cada vez mayor entre los objetivos de protección de los derechos humanos deseados por la ONU y su implementación efectiva: en los países más ricos todavía se erigen muros físicos y legales para evitar que las personas ejerzan su derecho a migrar o regresar a sus países.

El Manifiesto también incorpora muchos de los conceptos que surgieron en su 45ª sesión (Palermo 2017, Parigi 2018, Barcellona 2018, Londra 2018, Bruselas 2019) del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP).  De hecho, en abril 2019, el TPP identificó las continuas violaciones presentadas como evidencia en las audiencias como “crímenes contra la humanidad y crímenes de sistema” y reconoció las responsabilidades de la Unión Europea al hacer del continente un “ambiente hostil”, un escenario “de violaciones sistemáticas de los derechos de los migrantes y refugiados”.

Como leemos en el Manifiesto, “las violaciones graves de los derechos humanos” continúan ocurriendo a lo largo de toda la ruta migratoria, desde el país de origen hasta los países de destino y permanencia: “en las fronteras externas e internas de Europa y en el territorio de los países miembros. Estas políticas, ilegales e ilegítimas que se manifiestan sobre todo en las áreas fronterizas, representan a juicio del TPP una injusticia inaceptable, que resulta en crímenes contra la humanidad”.

“La migración es un derecho” humano. Pero en muchas ocasiones es también producto de un desplazamiento forzoso generado por las guerras, las persecuciones ideológicas, étnicas, sexuales o religiosas;  o como resultado de las prácticas de empresas transnacionales que, en acuerdo con los gobiernos de distintos países en África, América Latina y Asia expulsan a las poblaciones locales para apropiarse de sus recursos. En este caso el ejercicio del derecho de migrar y atravesar las fronteras impuestas por el capital, se convierte en un acto de resistencia por la supervivencia individual y colectiva”.

Como declarado en el Manifiesto, se han promovido “iniciativas de apoyo y solidaridad contra la negación do los derechos” de los migrantes y refugiados.  Las audiencias de la 45ª sesión del TPP, los Estados Generales de Migración en Francia, las iniciativas de desobediencia y solidaridad de los ciudadanos en España, Grecia, Italia y otros lugares de Europa, así como la solidaridad en los Estados Unidos, Bangladesh y México, son algunos ejemplos que deben crecer y reforzarse.” Según el Manifiesto, “no hay crisis de migrantes, sino una crisis de “políticas de los Estados” que impiden un derecho que forma parte de la historia: “el derecho a migrar”.

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