La muerte de Ernesto Cardenal, a los 95 años de edad, “poeta, sacerdote y revolucionario”, ha sido celebrado por muchas personas con acentos muy diversos, como protagonista de la historia política y cultural de su país, Nicaragua, y como uno de los poetas más originales de la literatura latinoamericana y mundial.

Ernesto Cardenal ha sido para nosotros, desde principios de los años setenta, uno de los amigos y colaboradores más cercanos a través de su presencia en el segundo Tribunal Russell y como testigo de la trágica represión de la dictadura de Somoza. Queremos recordar su aporte a la victoriosa resistencia y lucha del pueblo de Nicaragua, y como uno de los fundadores (entre otros, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano) del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP).

Con la riqueza de su experiencia en la creación y promoción de una cultura y práctica de liberación participativa e innovadora en las comunidades marginales de Nicaragua, Ernesto ha representado de manera más efectiva la vocación inspiratoria, los objetivos, el papel del TPP: la traducción de los principios de los derechos humanos y de los pueblos en la voz y la vida de las comunidades concretas. Cada una de las sesiones del TPP, que se han convocado en los escenarios mundiales de represión, luchas por la autodeterminación, experimentos de democracia de los últimos 40 años, podría verse como la continuación y la diversificación de esos “talleres de poesia” (laboratorios que dan voces de conciencia y dignidad a quienes han sido privados de tal derecho) que Ernesto promovió como ministro de cultura como instrumentos de democracia universalmente accesibles.

Su capacidad, hasta el final de su vida, de combinar la fuerza de una resistencia política a cualquier reafirmación de la dictadura con la ampliación de su visión poética y lenguaje, a través de sus últimos “Cánticos” que celebran el sueño y la belleza de un nueva creación cósmica, sigue siendo, no solo para el TPP, un regalo y un desafío a largo plazo.

Gianni Tognoni

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